miércoles, 16 de febrero de 2011

El enigma de deseo


Ese cuadro que ves ahí, es del GRAN Dalí. Gran por poner un adjetivo, pero en cierto modo “dalí” para mí ya lo es en sí. Dalí es lo más grande que mis ojos han visto nunca. Espero que los bigotes no se le caigan cuando se entere que le he usurpado el título del cuadro para una historia.

Vamos a ver. Los príncipes solo existen en el Falla, y espero que lleguen al teatro el mismo día que yo, el día de la final. Me imagino yo vestidita de cerda en un bar, porque al igual nos tocan las entradas, y espero no estar soberanamente dada a la Cruzcampo y enterarme de las letras de los pasodobles.

Sin más dilaciones,

El deseo se viste de confuso para que nadie lo entienda. Es más magia que todos los trucos del Mac Lari y los trileros de las Ramblas. El deseo es la productora de Almodóvar y sus historias cerdas (como yo en Cádiz) lo son de largo. Nadie cuestiona los porqués, pero un día, me imagino yo, te despertaste empalmado pensando en ella. Y la cuestión es que no todo se reduce a sexo, diga Freud lo que diga.

Eres una especie de príncipe moderno. Que en lugar de a caballo, tu coche los tiene potentes. Que el azul lo dejas en tus ojos y en alguna letra de la foto de perfil de facebook. Eres de la realeza porque la sangre que te corre me imagino yo que no es ni roja. La sangre colorada me hace desmayarme y tú solo despiertas ternura. Te enfundas chaquetones que alejen la realidad a tu carne, y me río yo de tus estilos de rapero recién galardonado por los MTV. Tienes todos los defectos de verbo, más chabacano de palabra que de barrio el Langui. Aún así, es enigma también, como despiertas comprensión y abrazos.

Ella es tu antagonista. Es la cosa más dulce nunca vista, es el azucar que no le echo al café, porque lo amargo es negro y lo dulce de pastel y lorza. Una muñeca rusa, que por muchas capas que quites siempre habrá una más pequeña y tierna. Incluso cuando se enfada las flores le aplauden. Vio mucha película romántica de cine de domingo tarde, de besitos y sorpresas de love. Y en sus ojos se descubren pasiones tan poéticas que el malo malísimo de la novela acabaría pidiendo klinex y sofás de flores.
El deseo os hizo un zurzido. Y toda atracción se ha convertido en sentimentalismos de locuras viajeras e historias compartidas. Las monedas de vuestra relación, que sé que a Beto le gustó esto, son de chocolate. Y me quiere no me quiere es imposible. Porque si tú le amas, ella te amará también.
 
No escribiré de sexo, os lo prometo. Pero dejarme de momento llamar a vuestra historia: “el enigma del deseo”.

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