Madrid es muy guay, pero le falta lo más bonito que tiene Barcelona. No es el mar, sino su alba. Tan poética es como su nombre. Tan maravilla y bella como los trajines de colores que no sabes bien definir (colorá tirando a naranja?). Todo piropo le viene vestido de corto, y aunque antitaurina es, el traje de luces los lleva en sus ojos. Tiene doce o trece virtudes multiplicadas por mil, y es la madre de la comprensión. Si la dulzura existe es porque ella anda. Si el cariño hace mella es porque abre los brazos.
Es capaz de agarrar las lágrimas del mundo y hacerlas gotitas por risa. Cambia ratos de mierda por tus mejores recuerdos. Tiene una mente centrada pero onírica, abierta y atenta, un primor sus modales. No existe lo imposible en sus manos, porque lo que toca reluce y lo que no toca no merece la pena. No conozco a nadie que pueda decir mal alguno de su persona, y si lo hacen es porque poco la conocen.
Mis ratos libres y toda ocupación siempre es con ella. Persona con todas sus letras, humana como pocas quedan y con muchas canciones mentales. Derrocha sabiduría a raudales, la templanza y el tesón con puntos suspensivos. Es la mujer que más se merece el nombre de mujer. Guarda el orgullo, atiza la sinceridad y coraje poco le falta.
Y en mí, no existe ni un solo minuto que no me la imagine a mi vera. La quiero sin medida.
Vecina. Amiga. Hermana y compañera.
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