jueves, 10 de febrero de 2011

Al alba

Madrid es muy guay, pero le falta lo más bonito que tiene Barcelona. No es el mar, sino su alba. Tan poética es como su nombre. Tan maravilla y bella como los trajines de colores que no sabes bien definir (colorá tirando a naranja?). Todo piropo le viene vestido de corto, y aunque antitaurina es, el traje de luces los lleva en sus ojos. Tiene doce o trece virtudes multiplicadas por mil, y es la madre de la comprensión. Si la dulzura existe es porque ella anda. Si el cariño hace mella es porque abre los brazos.

Es capaz de agarrar las lágrimas del mundo y hacerlas gotitas por risa. Cambia ratos de mierda por tus mejores recuerdos. Tiene una mente centrada pero onírica, abierta y atenta, un primor sus modales. No existe lo imposible en sus manos, porque lo que toca reluce y lo que no toca no merece la pena. No conozco a nadie que pueda decir mal alguno de su persona, y si lo hacen es porque poco la conocen.

Mis ratos libres y toda ocupación siempre es con ella. Persona con todas sus letras, humana como pocas quedan y con muchas canciones mentales. Derrocha sabiduría a raudales, la templanza y el tesón con puntos suspensivos. Es la mujer que más se merece el nombre de mujer. Guarda el orgullo, atiza la sinceridad y coraje poco le falta.

Y en mí, no existe ni un solo minuto que no me la imagine a mi vera. La quiero sin medida.

Vecina. Amiga. Hermana y compañera.

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