Se paran los músculos. Los mofletes pierden su color. A las pestañas se les caen el volumen. Los labios se entreabren pero incapaz de articular. Pocos segundos, pero se te paran las arterias. La sangre se oxida y se vuelve negra. Tu cuerpo deja de ser tuyo. Te desangras poco a poco, y todo en blanco y negro.
Es un final hecho locura, ángeles del infierno se apoderan de la fe. No hay demonio que se apiade. Entran los fantasmas de miradas profundas y bocas de risas muy fuerte. De ultratumba, la voz de la consciencia se mofa de tu puta quietud. Suspendida en el despido del bagaje, ladera por la que no fluyen ni las lágrimas. El sol entra por la vista. Tanta claridad te nubla. Se nubla, la niebla te enviste el cerebro, lo atormenta y solo te presenta...
vuestros recuerdos.
Miéntete. Pero él ya no está.
No hay comentarios:
Publicar un comentario