Parejas que me hacen risa. Que no pegan ni con cola, pero oiga, si ellos se lo trajinan bien... Parejas que repudiaron las bases de las parejas pero quedaron prendados en los asuntos de sábana y saliba. Parejas que no se quieren ni respetan pero la costumbre es cómoda y las ganas de la inserción al mercado de la soledad son escasas. Parejas que cuelgan fotos en las redes y es sabido por el pueblo que los toriles son los protagonistas de ellas. Parejas que se desenamoraron por falta de vida pero volvieron a la reconquista y montaron de nuevo en la nube y la ilusión. Parejas que lo son, pero todo muy secretito por motivos imbéciles de niños pintando manos de colores. Parejas cansadas de sus parejas, que son esclavos de felaciones mentales con las parejas de otros. Y dentro de esas, las parejas que se besan castamente con otros, pero no se les considera infidelidad porque eso solo conlleva “caderazos”. Parejas que se unieron cuando no existían los pelos, y los pelos llegaron a los huevos y siguen aguantando las furias del poniente. Parejas flamencas que defienden a sus parejas como gallos, que ahogan la vida social y el birreo de antes de emparejarse. Parejas de “rabo-rabo” o “chocho-chocho” que visten y gesticulan para que se les note que vienen en camión o visten de plumaje. Parejas de viente años más carcas que los de bodas de oro. Parejas que van a los parques a pegarse el filetazo porque no tienen otro sitio más cálido para hacerlo. Parejas que empezaron por fuego y juego y salieron quemados de tanta calor. Parejas de pedantes que solo viven para las galas de gafas y cuadros en pared. Parejas que se ríen más que follan. Parejas de negros y blancas, chinas y uruguayos, turcos y americanas, que bonitas estampas regalan a la galería. Parejas que molan solo por los hijos tan bellos que tendrán.
Medias naranjas. Vitamina C de los instintos.

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